Principios de Regulación
Para que el enfoque de Supervisión Basada en Riesgos se pueda desarrollar en la práctica, los supervisores deben apoyarse en cuatro principios básicos relacionados con: a) la calidad de los participantes del mercado; b) la calidad de información y análisis que respalda las decisiones de las entidades supervisadas; c) la información que revelan las entidades supervisadas para que otros agentes económicos tomen decisiones; y, d) la claridad de las reglas del juego.
a) Principio de idoneidad (calidad de los participantes del mercado): Si se desea que los sistemas gocen de solidez e integridad, entonces es necesario asegurar que quienes operan en el mercado sean personas de solvencia moral, económica y que demuestren capacidad de gestión, con lo cual, se busca verificar que la dirección de las entidades supervisadas esté en manos de personas idóneas.
b) Principio de prospección (calidad de información y análisis empleado por las entidades supervisadas): Este principio consiste en tener una visión prospectiva de los riesgos que enfrentan las entidades supervisadas. Así el énfasis está puesto en la necesidad de aplicar sistemas que les permitan identificar, medir, controlar y monitorear sus riesgos de una manera eficiente; para el efecto, las entidades tienen la libertad para implementar los sistemas que crean más convenientes, pero el supervisor establece los parámetros mínimos que deben observarse para garantizar un manejo prudente de los riesgos a que están expuestas.
c) Principio de transparencia (proporcionar información para que otros agentes económicos tomen decisiones): Los clientes, supervisores, analistas e inversionistas requieren de información proporcionada por las entidades supervisadas para poder tomar sus decisiones. Para que las decisiones sean óptimas y fomenten una disciplina de mercado, se requiere que la información sea correcta, confiable y oportuna.
d) Principio de ejecutabilidad (claridad de las reglas del juego): Este principio persigue que las normas dictadas sean de fácil comprensión, exigibles y que puedan ser supervisadas. En primer lugar, las normas deben ser de carácter general, es decir, deben basarse en la exigencia de lineamientos generales y en la definición de parámetros mínimos, dejando un margen prudencial para la toma de decisiones por parte de las entidades supervisadas; en segundo lugar, dichas normas deben estar bien acotadas, es decir, deben tener un ámbito de acción claramente definido y éste debe girar en torno a algún riesgo en particular; en tercer lugar, las normas deben ser claras, evitando dejar lugar a interpretaciones erróneas; y en cuarto y último término, las normas deben establecer metas que puedan ser cumplidas.